Fecha de Fundación: 08 de Diciembre de 1626
Nombre del Fundador: Fray Nicomedes Fonseca.
RESEÑA HISTORICA
En el País Chimila que comienza en el Río Ariguaní, abarcando las zonas del Valle de Ariguaní, la Depresión Momposina y parte de los Montes de María, fue habitada por una de las razas
aborígenes más pacíficas que hubo en Colombia: Los Chimilas. Estos eran buenos agricultores,
cazadores, pescadores y artesanos, apasionados por la escultura de figuras humanoides
con rasgos monstruosos, elaboraban collares, jarrones y tinacos en arcilla, con la técnica
y maestría de verdaderos artistas de la alfarería.
Fue el pueblo de Zárate, el más antiguo asentamiento humano de esta parte del país
Chimila, un bello paraje rodeado de un rico conjunto cenagoso con gran variedad
de especies piscícolas, que irrigan a más de setenta mil hectáreas de fértiles tierras
de playón. De allí llegaron los primeros pobladores ubicándose sobre el Caño de Las Mujeres, en
la orilla contraria de donde hoy se levanta el pueblo de Plato. A ese primer asentamiento le
dieron el nombre del cacique indígena que lo fundó, a quien le llamaban “Plato Viejo” y
era uno de los tantos hijos del Indio Zárate, fundador y jefe supremo de las tribus que habitaban
esta región.
Quiso la casualidad, que quien fuera el primer fundador de Plato, en el lugar donde está hoy, el
religioso español Fray Nicomedes de Fonseca y Meza en el año de 1626, le bautizara con el
nombre de Villa Concepción de la Plata, en honor a la virgen cuya fiesta se celebra en ese día, y el
mismo nombre que conservó en su refundación por el conquistador español, Fernando de Mier y
Guerra. Lo de la casualidad es porque hoy, por economía se le ha llamado simplemente
Plato, y pensando que ya sobrepasó los tres siglos de existencia, se le puede agregar “viejo”,
como lo llamaron sus primeros habitantes, “Plato Viejo”.
Plato posee una privilegiada posición geográfica: a orillas del Río Magdalena, en la cabecera derecha
del puente “Antonio Escobar Camargo”, el más largo del país, que une a los departamentos de Magdalena
y Bolívar. Porque por su territorio pasa la carretera "Transversal del Caribe o Vía de los Contenedores"
porque además posee el segundo más importante complejo cenagoso del país y que por el espíritu
pacifista y hospitalario de su gente, se ha convertido en el centro neurálgico del acontecer regional.
La historia dice que en Plato han vivido y nacido personajes que han marcado hitos, aquí pernoctó y dejó una familia el general español Francisco Vilches
y Domínguez, quien fuera amanuense del Libertador Simón Bolívar durante la campaña libertadora, y su acompañante en los amores del Libertador
con Elenita Lenua en Tenerife, que además ocupó los cargos de senador de la Gran Colombia y Gobernador de la Provincia de Santa Marta. Plato es
la cuna donde nacieron hombres como: Antonio Escobar Camargo, quien da nombre al majestuoso Puente sobre el Río Magdalena, destacado en
la obra “Tres Grandes Hombres Caribes”, al lado de Rafael Núñez, por sus dotes de gran jurista y hombre de estado, que ocupó las más altas d
ignidades del País; Antonio María Peñaloza, uno de los más grandes músicos de Colombia, autor del himno del carnaval de Barranquilla,
“Te Olvidé o la Danza Del Garabato”; Wilson Choperena, autor e intérprete del musical colombiano más difundido en el mundo “La Pollera Colorá”; Alvaro
Lemus, músico, cantante y actor, conocido como el hombre “Caimán”, entre otros.
En las primeras décadas del siglo pasado, los nativos de Plato comenzaron a mostrar gran destreza para crear y narrar hechos fabulosos e historietas
completas de seres con poderes sobre naturales, como la historia de la “Zorra Pelá” de El Difícil; La de “Chilolo” Torres, “El Hombre de los
Secretos”; la historia del “Tigre de la Granada”, entre otras fábulas que se transmitían de una generación a otra de forma oral, aprovechando
acontecimientos que motivaban largas reuniones nocturnas como los velorios, o las noches en que los pescadores hacían largas esperas en la
s islas y ciénagas que rodean al Río Magdalena, para lanzarse a la pesca en el momento oportuno.
Transcurrido algún tiempo los intelectuales que vivían para la época en Plato, comenzaron a interesarse por llevar al escrito estas narraciones
mitológicas, y uno de ellos, Don Virgilio Difilippo, quien había llegado desde su natal Mompox para ocupar el cargo de secretario del Juzgado Único
de Plato, maravillado por la trama surrealista que encerraba la historia que contaban en el puerto sobre un pescador que se había convertido
en “Caimán”; ante lo cual decidió escucharla con detenimiento y llevarla a la imprenta de su máquina de escribir.